Siempre soñé con tener unas instalaciones de lujo ideales para mis caballos, donde ellos fueran los reyes. Cuadras grandes, con luz y bien aireadas, un bonito picadero, excelentes pistas, paddocks, y muchos caminos por el bosque para poder hacer excursiones. Buscaba una finca no demasiado lejos de Barcelona, en un entorno bonito y donde pudiera vivir la gente que montara y trabajara allí. Empecé a buscar y la segunda finca que me enseñaron fue ésta, que se llamaba Can Pau por aquel entonces. El lugar, al pie del Montseny, me pareció espectacular, pero había mucha casa. Seguí mirando y mirando, pero desde que la vi, soñaba cada día con ella. Todas las otras fincas que vi no me gustaron, ¡evidentemente!
Ya me había organizado mentalmente la distribución de las cuadras, las pistas, la casa de los mozos. ¡Es que la finca era ideal! Hablé con mis asesores, y después de negociar con los propietarios y de asegurarme en el ayuntamiento que me dejarían hacer cuadras y un picadero cubierto, compré la finca.
Empezó entonces la búsqueda de un buen arquitecto, y un amigo mío decorador me sugirió el nombre de Paco de la Guardia. Enseguida conectamos y vi que nos íbamos a entender muy bien. Hicimos viajes a Alemania a ver distintas instalaciones y con la colaboración de la empresa Leve de Warendorf diseñamos el plano de lo que sería Villa Equus.
Después elegimos constructora: Codecsa. Han trabajado muy bien y han sabido interpretar el espíritu de lo que yo quería hacer. Ha habido obra nueva y mucha restauración.
Desde que la vi por primera vez hasta que nos instalamos con los caballos en Villa Equus han pasado seis años. Ha sido un proyecto precioso y estoy orgullosa de él. Los caballos se sienten muy a gusto y creo que todo el mundo que monta y trabaja aquí también.